Hurgando en mis archivos de word, encontré esto.....
Busco a alguien de quien no puedo acordarme.
Una línea de puntos sobre el tejado me indica que es hora de salir.
Miro, primero, el exterior hacia la calle cubierta de niebla. El mismo con el cual iniciaré mi periplo que no puedo determinar hacia donde: algún lugar predilecto.
Saldré a caminar las calles de antaño, empezaré por lugares conocidos y poco transitados, intentando re-encontrarlos.
En aquellos rincones casi oscurecidos. Donde sino? Los primeros besos.
Registro todo lo que sentí aquella vez y voy directo hacia ese bar. Aun recuerdo el camino. Todavía siento nervios extremados acerca de quien soy. Tengo una serie de punzadas en la panza, me agitan el corazón por dentro y se desvanecen.
Tengo 23 años y aún lo recuerdo, sensaciones fuertes, como pinzas clavándose en el medio del pecho: el miedo /terror convaleciente a perder al innombrable ser amado. Se recuerda lo más lábil. Solo sé que fue el, el ser que mejor me trató y sé que no podía haber cambiado, que no tenía ni podría haber sido otro que el que ahora imagino. No necesito empecinarme. Todo puede desvanecerse si lo hago.
Para cada quien es fácil recrear opiniones desde afuera.
(….) entonces llegué a casa y cerré la puerta, mojada por la lluvia, y sentí el placer de estar bajo techo y pronta hacia la cama. Sonreí al verla tendida en la semioscuridad del pasillo, antes de prender la lamparita de la meza de luz. Me desvestí en el baño, puse la ropa mojada y sucia de barro en el lavadero. Al cambiarme sentí una especie de renacimiento. Me dirigí hacia la cama, donde permanecí acurrucada escuchando el repiqueteo de la lluvia en la ventana. Como vi que estaba semiabierta la deje así y apagué la luz. Dejé mis ojos abiertos un rato para que se acostumbren a la oscuridad, sino me da miedo dormirme. Hasta que finalmente cerré los ojos y justo, justo en ese momento dejó de llover.
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Los primeros amores, sensaciones fuertes como pinzas que se clavan en los corazones que somos. Qué extraño se vuelve intentar recordar este tipo de aconteceres, que distinta materialidad la que nos crea, la que nos urge recomponer adentro nuestro tantas imágenes como espacios internos que nos reflejan hacia afuera.
Momentos viejos que necesitamos o anhelamos repetir, como estadios mágicos, como recuerdos de un tiempo lejanísimo en el cual fuimos todos un todo, un organismo múltiple que se autoabastecía, que sufría pero en conjunto, que amaba pero se repartía el amor.
Individualizar el recuerdo. Me gusta llamarlos momentos placenta, porque son como segundos iluminados por dentro.
Hay muchos momentos placenta dentro del universo. Colectivos, lúdicos momentos.
martes, enero 09, 2007
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